Cosas que no se pueden decidir

  Fractura generacional y quiebra estatal

  A partir del 2020, en 6 años, los mismos que llevamos de crisis y de errores económicos, empieza el enfriamiento de demanda interna …., el crecimiento real será menor, la presión deflacionaria mayor y las crecientes tensiones de tipos de interés podrían llevar a una quiebra del Estado hacia 2024-2027. Dicha crisis de deuda soberana produciría una fuerte depresión (recesión + deflación), que afectará la demografía por la emigración, y vuelta a empezar con el círculo vicioso.

  La previsión no incluye independencias de taifas, que agravaría la demografía como hemos visto al analizar países del Este, un tema que esconden los economistas lacayos de los nacionalistas periféricos, ya que les derrumbaría su mentira política.

  La culpa es nuestra

  Tras constatar que las reformas necesarias para salir de la crisis solo se aplican tarde y mal, crece el número de quienes culpan al sistema político o a los propios políticos, y proponen rupturas institucionales costosas y arriesgadas. Se equivocan, porque el fallo principal no reside en las instituciones sino en los ciudadanos. De hecho, las decisiones tomadas voluntariamente por nuestros gobernantes se ajustan a las preferencias de la mayoría: somos los europeos más partidarios de que el Estado controle la economía, de que resuelva todos nuestros problemas y nos imponga una fiscalidad redistributiva, por no hablar de nuestra resistencia a recortar el gasto público o a liberalizar el mercado de trabajo.

   A la vez que nos permitimos ser los europeos más críticos con políticos e instituciones, somos los que menos nos molestamos en informarnos. Decimos odiar la corrupción, pero ni siquiera dejamos de votar a políticos corruptos. Cuando no desdeñamos la política, nos comportamos como forofos, más que como ciudadanos. Tal parece que nuestro enojo se deba a que la política ya no puede darnos el maná de consumo al que nos habíamos habituado. Queremos reformas, pero que duelan solo a los demás.

  El arte de decir ‘No’ o cómo reducir el estrés diario

  Decir que no puede ser una opción saludable para aliviar el estrés del día a día en el trabajo, la familia y las relaciones con los amigos. El miedo a defraudar las expectativas generadas, querer agradar a todos y sentirnos culpables por situaciones ajenas a nosotros pueden complicar algo tan sencillo como ser conscientes de que todo el mundo tiene sus limitaciones.

  Los tres ejemplos, en una sociedad ideal, tendrían solución y por tanto fáciles de decidir. En la sociedad actual no se decidirán, sino que aparecerán impuestas por evitar “un dolor menor”. En el plano personal, he perdido la opción de decidir “decir ‘Si'”, y por defecto “diré ‘No'”. Que triste pero como ya he dicho, “el caballo blanco de Santiago es blanco”.

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